Según cuentan antiguas leyendas, existe un camino en el cielo y otro en la tierra que conduce a un punto
sagrado y místico venerado desde tiempos inmemoriables.
Era conocido como "Campus Stellae" en la antiguedad, "Campo de Estrellas", "Compostela".
Los antiguos romanos construyeron un camino sagrado que conducía hasta donde está hoy Santiago de Compostela.
Estos se limitaron a seguir un camino ya marcado por antiguos celtas dirigidos por sus sacerdotes druidas y aún estos ya siguieron un camino sagrado señalado por dolmenes, cavernas y marcas rituales de nuestros ancestrales antepasados.
Desde el principio de los tiempos, este camino a sido un camino iniciático y sagrado, señalado por las estrellas y señalado por los hombres en la tierra. Un camino mágico, iluminado por estrellas que han guiado a los hombres en un viaje espiritual.
Según cuentan las leyendas, el Apostol Santiago, cruzó el Mediterraneo y llego a Hispania para predicar el evangelio, en el año 33 d. C. dejando preparados a varios discípulos , luego volvió a Jerusalen donde le mataron.
Según se cuenta, sus restos fueron trasladados a Galicia donde le enterraron.
Mucho despues, cuando la península estaba dominada, casi en su totalidad, por la invasión musulmana, pequeños grupos de cristianos permanecían escondidos.
La historia cuenta, que en torno al año 813, un ermitaño llamado Pelayo, que vivía en el Monte Libredón, un bosque ubicado en las calles que hoy rodean la catedral compostelana, vio durante varias noches un enorme resplandor en el cielo. Una estrella gigantesca que le indicaba un punto determinado. Allí fué Pelayo dominado por la curiosidad, y encontró una extraña tumba de piedra, en la que yacían los restos de un hombre decapitado con la cabeza bajo el brazo.
La noticia voló por toda la cristiandad, y desde entonces y durante siglos los peregrinos miraron al cielo para seguir a la Vía Láctea que lleva la misma dirección que la del caminante que quiere llegar a Compostela para visitar los restos del Apóstol Santigo.
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